Mitos de la inclusión laboral: lo que hoy frena a las empresas (y cómo superarlo a tiempo)
La inclusión laboral de personas con discapacidad (PcD) todavía carga con mitos que, en la práctica, terminan alejando a muchas empresas de una implementación correcta. La experiencia del Centro Inclusivo R (CIR) de Kyklos demuestra que el problema no es la inclusión, sino cómo se gestiona.
Mitos que hoy frenan a las empresas
Uno de los mitos más comunes es creer que la inclusión laboral implica un gran costo económico. Y es cierto: cuando se implementa sin planificación, puede generar sobrecostos, rotación o retrocesos. Pero cuando se diseña como un proceso integral, ordenado y acompañado, permite cumplir con la normativa vigente sin multas, sin improvisación y con continuidad operativa.
Además, el contexto regulatorio en Chile exige cada vez más claridad y control en cómo se cumple. Por ejemplo, la Ley N° 21.690 establece opciones alternativas para el cumplimiento, como la posibilidad de realizar donaciones a instituciones enfocadas en inclusión laboral, pero bajo requisitos estrictos: no donar más del 50% del total a una sola institución, asegurar que una de las beneficiarias opere fuera de la Región Metropolitana y prohibir donaciones a fundaciones vinculadas con gerentes o accionistas de la empresa donante. En el caso de la subcontratación, también se exige que las personas con discapacidad contratadas presten servicios directamente para la empresa mandante, evitando la doble contabilización.
“El problema aparece cuando se contrata solo para cumplir, sin estructura y acompañamiento. La inclusión bien hecha no es un riesgo para la empresa, es una forma responsable y ordenada de cumplir la normativa y generar impacto real”, expresó Sebastián Herceg, Fundador del Centro Inclusivo R y Director de Asuntos Corporativos de Kyklos.
Otro mito frecuente es pensar que las personas con discapacidad son menos productivas. La evidencia y la experiencia en operación muestran lo contrario: con roles bien definidos y apoyos adecuados, los equipos inclusivos pueden alcanzar altos niveles de compromiso, estabilidad y cumplimiento de tareas.
También existe el temor a los riesgos legales o fiscalizaciones. Muchas empresas creen que avanzar en inclusión aumenta su exposición ante la Dirección del Trabajo, cuando en realidad ocurre al revés: lo que genera riesgo es una implementación improvisada, sin respaldo técnico, documentación correcta ni seguimiento.
Cómo superarlo a tiempo: gestión, acompañamiento y continuidad
En este contexto, el CIR cumple un rol clave. No se trata solo de contratar: se trata de gestionar, acompañar y asegurar un modelo sostenible. El servicio de inclusión tercerizado del Centro Inclusivo R permite a las organizaciones cumplir con la normativa de manera real y medible, integrando talento diverso en procesos productivos concretos, como la gestión y reparación de pallets, entre otros servicios, bajo una operación experta que se hace cargo de la adaptación, la continuidad y el control. Así, la inclusión laboral de personas con discapacidad se sostiene con proceso, evidencia y seguimiento.
“Cuando la inclusión se planifica, deja de ser una obligación incómoda y se transforma en una solución eficiente”, expresó Francisca Esparza, Terapeuta Ocupacional CIR Antofagasta.
Porque hoy la inclusión laboral dejó de ser un gesto voluntario: es un imperativo estratégico. Y cuando se implementa bien, no compite con el negocio: lo fortalece.



